En un año de profundos cambios en los hábitos y costumbres, las pautas de compra generaron algunas tendencias que se consolidan y anticipan a una nueva relación con las marcas y los canales de venta.

La mayoría de los argentinos observó cómo su día a día cambiaba de la noche a la mañana. Irrumpió la compra impulsiva de productos sanitizantes, los hijos pasaron a estar en la casa todo el día, muchos hombres aprendieron a cocinar y la gente se volvió especialista en las compras online.

Esto plantea esta cuestión: ¿Cómo será el comprador del futuro? Algunas de las tendencias principales que llegaron para quedarse:

Las cosas cambiarán, pero no tanto y no necesariamente para mal. Si bien la mayoría piensa que las cosas serán diferentes (sólo una de cada 10 personas piensa que todo seguirá igual) la gente no prevé un escenario de cambios drásticos.

Se espera que vengan cosas tanto buenas como malas. La generación sub-35, la más afectada económicamente, es un poco más escéptica de cara al futuro.

Las decisiones de compra serán más planificadas. Las medidas de aislamiento tuvieron un efecto negativo en las actividades económicas y el ingreso de los hogares. La Argentina, tendrán caídas de 2 dígitos en su PBI y la recuperación llevará muchos meses. Las familias priorizarán productos y servicios esenciales. La mayor planificación tendrá efecto en la dinámica de canales y limitará las decisiones impulsivas, aunque esto no implique que no haya lugar para la indulgencia y la gratificación.

La conectividad seguirá cambiando la forma en que compramos. La pandemia aceleró el crecimiento de las compras y pagos online en todas las edades y clases. El e-commerce incorporó nuevos compradores, los que ya compraban online aumentaron su frecuencia y se expandieron a nuevas categorías, como alimentos y bebidas. Los compradores seguirán adoptando medios de pago que no impliquen contacto físico o uso de efectivo. Se rompen las barreras para confiar en servicios digitales que resuelvan necesidades con eficacia, lo que modificará el proceso de decisión y obligará a muchas industrias a repensar el rol de los puntos de contacto físicos.

Los consumidores buscarán cuidarse más a sí mismos y a los demás. La sensación de indefensión frente a una enfermedad desconocida dispara todas las alertas.

Primer entrega.

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